El costo de entrenar y ejecutar grandes modelos de IA se está disparando. Se estima que los modelos más avanzados podrían costar miles de millones en entrenamiento en pocos años. Esto crea una crisis de asequibilidad: solo las grandes tecnológicas y naciones ricas pueden participar. Pequeñas empresas, investigadores y países en desarrollo quedan excluidos. La concentración del poder de IA podría profundizar la brecha digital y la desigualdad económica.
La IA se está convirtiendo en un bien de lujo. Eso es un problema. Estamos construyendo la tecnología más poderosa de la historia, pero solo al alcance de una élite. La promesa era democratización: inteligencia para todos. En cambio, vamos hacia un futuro donde los ricos se vuelven más inteligentes y los pobres quedan atrás.
Pero esta crisis también es una oportunidad. Nos obliga a repensar cómo construimos IA. Necesitamos modelos open-source, algoritmos eficientes e infraestructura compartida. El futuro no está escrito. Podemos elegir una IA que eleve a todos, no solo a unos pocos. Hagamos de la inteligencia un bien público.