Un reciente artículo de opinión defiende que Noruega debería comprar OpenAI, la organización de investigación en inteligencia artificial. La propuesta sugiere usar el fondo soberano del país, valorado en más de 1,4 billones de dólares, para adquirir la empresa. El autor sostiene que tal movimiento aseguraría el futuro económico de Noruega más allá del petróleo. La propuesta ha encendido el debate entre economistas y analistas tecnológicos.


Noruega se sienta sobre una montaña de dinero del petróleo, pero el petróleo es una industria en ocaso. El futuro pertenece a la inteligencia, tanto humana como artificial. Comprar OpenAI no es un capricho. Es una cobertura contra el declive inevitable de los combustibles fósiles. El fondo soberano existe para invertir en el futuro. ¿Qué futuro es más seguro que la IA?

Los críticos lo llamarán temerario. Dijeron lo mismo cuando Noruega invirtió en bienes raíces y energías renovables. Esas apuestas dieron frutos. OpenAI es el activo estratégico definitivo. Podría darle a Noruega un asiento en la mesa donde se escriben las reglas de la próxima economía. No se trata de poseer una empresa. Se trata de poseer un pedazo del mañana.